Panfletos

1º de mayo: no es una fiesta, es una protesta



Hoy, como en 1886, tenemos las mismas razones


El Primero de Mayo de 1886, con el objetivo principal de alcanzar la jornada laboral de 8 horas, comenzó en EEUU una huelga general a la que se sumaron más de 200.000 personas. La huelga estuvo acompañada de manifestaciones multitudinarias que, solamente en la ciudad de Chicago, reunieron a 50.000 obrerxs. Los mecanismos del cambio revolucionario se ponían en práctica: huelga y guerra social como legítima herramienta de lucha en manos del movimiento obrero. La policía respondió violentamente a todas las manifestaciones y concentraciones que tuvieron lugar durante aquel día y los siguientes, matando a varixs trabajadorxs. En protesta por la represión, se convocó una concentración frente a la fábrica McCormik (que seguía produciendo gracias a lxs esquiroles), logrando reunir cerca de 20.000 personas. Los obreros fueron reprimidos una vez más por la policía mediante los medios más violentos. En ese instante, un artefacto explosionó entre lxs policías, matando a uno e hiriendo a varixs. La policía respondió disparando a la multitud, matando a muchxs más trabajadorxs.

La prensa exigía venganza por la muerte del policía, y el Estado se la concedió. Los detenidos fueron los hombres más conocidos e influyentes del movimiento obrero, y el jurado actuó influido por el prejuicio de que aquellos hombres eran enemigos del Estado. Sin prueba alguna que los relacionara con la bomba que causó la muerte del policía, firmaron sentencia de muerte para cinco anarquistas y cadena perpetua para otros tres. Un año después, el día 11 de noviembre de 1887, los anarquistas condenados en aquella farsa morían ejecutados en la horca.

Las ejecuciones provocaron una reacción de protesta a nivel internacional. Todos los primeros de mayo desde entonces serían aprovechados por lxs anarquistas, y por todos lxs obrerxs en general, como un día reivindicativo, el día de los “mártires de Chicago”, en el que toda la clase obrera aprovecharía para exigir la reducción de la jornada laboral a ocho horas, que oscilaba en esa época entre las 10 y las 16 horas, con unas condiciones precarias como sueldos miserables, “viviendas” en condiciones infrahumanas y una “alimentación” insuficiente.

Su mundo nos destruye, construyamos el nuestro. Los trabajadores somos mayoría.

Es importante que no se olvide el origen y el significado de este primero de mayo, que cada vez se asemeja más a una simple fiesta en lugar de ser una jornada de protesta social, que es lo que ha sido siempre y lo que debería ser. Las condiciones laborales de lxs trabajadorxs no han mejorado tanto como nos gustaría. De hecho, el trabajo hoy en día sigue siendo una esclavitud encubierta. Sea cual sea tu trabajo, estarás condenadx a servir a quienes luego se van a adueñar de todos los beneficios recibiendo a cambio unas “migajas” que apenas llegaran para consumir los productos que te meten por los ojos cada día y nosotrxs mismxs producimos. Eso si tienes suerte. Si eres mujer, tendrás que resignarte a cobrar menos y al riesgo de ser despedida si te quedas embarazada. Y la gente que viene de fuera, huyendo de la miseria, buscando una vida mejor y un trabajo digno, se encontrarán con empresarixs explotadorxs que se aprovecharán de su situación ilegal para obligarles a aceptar trabajos sin contrato o contratos basura por un mísero sueldo.

La seguridad sigue siendo una asignatura pendiente. En enero de 2009 se ha alcanzado la cifra de 103.313 víctimas de accidentes laborales de lxs que 54.906 necesitaron baja (un 35,8% más que en 2008), y han muerto 71 trabajadorxs a consecuencia de ellos. En la mayoría de los puestos de trabajo la seguridad es un punto que casi no se tiene en cuenta, lxs trabajadorxs para el/la empresarix sólo somos un simple número que se sustituye muy fácilmente contratando otrx nuevx.

A todo esto debemos sumarle los efectos de la crisis económica, que están recayendo por completo sobre los hombros de lxs trabajadorxs. Aprovechando el descenso en el consumo que se ha producido en estos tiempos, lxs empresarixs nos dicen que es necesario apretarnos todavía más el cinturón, y anuncian despidos, congelación de salarios, reducción de sueldos, y demás medidas que en realidad lo único que persiguen es que el descenso en las ventas no suponga una reducción de los beneficios que lxs dirigentes de estas empresas se llevan. Están intentando robarnos las libertades y derechos que hemos obtenido desde que se inició la lucha obrera. Lxs empresarixs piden ahora que se faciliten los trámites para despedir a lxs obrerxs, y desde Europa intentan hacernos trabajar 65 horas semanales. Aquellas victorias por las que muchos lucharon y hasta perdieron su vida, hoy se están desvaneciendo gracias a nuestra pasividad.

En el pasado las condiciones no eran mejores, pero lxs trabajadorxs se organizaban en sindicatos para combatir todas las agresiones (porque no son otra cosa) que recibían por parte de la patronal. Hoy, eso también lo hemos perdido. Las principales organizaciones sindicales que existen hoy, CCOO y UGT, no son otra cosa que siervos de lxs empresarixs y políticxs. A estas alturas todavía continúan diciendo que no hay motivos para una huelga general. No se preocupan por ayudar a la clase trabajadora, aunque traten de aparentarlo. Su verdadera preocupación es conseguir cuantos más votos posibles en las elecciones sindicales para obtener más subvenciones del estado. Eso por no hablar de sus liberadxs y dirigentes, siempre pendientes de su propio beneficio, asegurándose de ser lxs últimxs de abandonar el barco cuando en la empresa haya problemas o ésta cierre. Son lxs antiguxs contestatarixs lxs que viven ahora de las arcas del estado.

Nosotros proponemos la organización de lxs trabajadorxs de forma anarcosindicalista, un modelo como el que sigue el sindicato CNT que dio muy buenos resultados en el pasado y puede darlos hoy: un sindicalismo de clase, combativo, independiente ideológica y económicamente de gobiernos, partidos, instituciones o iglesias. Un sindicalismo que reconozca todos los mecanismos que el poder y la economía utilizan para perpetuar la dominación del hombre sobre el hombre, para enfrentarse contra ellos, y ofrezca una alternativa integral a un mundo capitalista al borde del colapso, para recuperar la dignidad, la sensatez y lo que es nuestro, el producto de nuestro esfuerzo como trabajadorxs, es decir, toda la riqueza. Un sindicalismo en el que tú eres el/la protagonista, sin delegar en mediadorxs, mediante la acción directa y sin liberadxs sindicales.

No se trata de utopías sino de posibilidades reales que están al alcance de nuestras manos; en Francia, han conseguido a golpe de manifestación, denuncia y protesta retirar definitivamente el Contrato de Primer Empleo; en Grecia son ya innumerables las victorias de lxs anarquistas y del pueblo griego en general, tanto en el ámbito laboral como en la educación y en todos los aspectos de la sociedad, gracias a las manifestaciones y disturbios violentos que arrasaron las ciudades cuando al pueblo no se le concedía lo que pedía. Varios ejemplos de lo que se puede conseguir cumpliendo como único requisito terminar con la pasividad que nos invade, y construir entre todxs las estructuras necesarias ya no sólo para defendernos del estado y el capital sino para crear una sociedad alternativa a esta.

“Nosotros no estamos por una mayor libertad, una mayor libertad se le da al esclavo cuando se le alarga la cadena. Nosotros estamos por la abolición de la cadena. Consecuentemente, estamos por la libertad, no por una mayor libertad. Y la libertad quiere decir ausencia de cadenas, quiere decir ausencia de límites con todo lo que de esta afirmación se desprende.”
BONANO